viernes, 24 de octubre de 2014

Señor Jesús, como a María, enséñame a sentarme a tus pies para 
escuchar tu palabra. Dame aquella auténtica sabiduría que busca tu 
voluntad mediante la plegaria y la meditación, a través del contacto 
directo contigo, más que por razonamientos mentales o por la 
lectura de muchos libros. 
Concédeme la gracia de distinguir tu voz de la de los extraños; 
concédeme la gracia de dejarme guiar por ella y de buscarla ante 
todo como una realidad superior a mí mismo. 
Respóndeme mediante la conciencia cuando te adoro y confío en tu 
grandeza, que llega mucho más allá de lo que yo puedo entender. 
cardenal John Henry Newman 

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